8/10/08

Todos los Che, el Che


Antes que nada: comprendo que el Che es más que un revolucionario. Y más que una figura política. Entiendo que, también, lo es. Y que reivindicar sólo la figura de la persona, sin las ideas políticas y económicas, es una forma burda de reduccionismo. Este texto debe ser leído, entonces, como un reduccionismo.

Esto es personal: debe ser la primera vez desde los quince años que recuerdo primero el nacimiento de Perón y, luego, la muerte del Che. Debe ser, desde los quince años, la primera vez que empiezo a creer que ni una cosa ni la otra, por sí solas, valen. Ni el principismo flojo de estrategia ni viceversa. Más gramsciano que guevarista. Es la primera vez que me supongo más gramsciano que guevarista (y no es que nunca me haya creído un guevarista convencido de la necesariedad de la revolución: digo, entiendo por guevarismo una forma de entender la política acaso dogmáticamente idealista en el convencimiento propio del altruismo. Qué forma de no aclarar nada: "para atrás, ni para tomar envión", digamos).


No me gustaría dejar la sensación de que el Che era un idealista loco que andaba a los tiros cambiando el mundo. Sí me gustaría pensar que eran momentos donde había que cambiar el mundo urgente y que faltaba tiempo para pensar estratégicamente. Tal vez el convencimiento era otro, las frustraciones eran menores, y cualquier "desensillar hasta que aclare", una pérdida de tiempo. Un tipo con ese nivel de altruismo no puede, no debe, detenerse en los pormenores del rosqueo político. Para eso estaba Fidel. Quién sabe si, por eso, Bolivia no fue Cuba.

Hay algo del Che que siempre me conmueve. Su dimensión, pongámosle... foucaultiana. Su construcción de otra subjetividad. Lucas recordaba el poema de Cortázar, y alguien le dejaba un comentario: "Otro cheto aburrido que jugaba al rugby". Me gusta que el Che siga molestando por eso: porque no necesitaba la Revolución, ni el Hombre Nuevo, ni morirse baleado en una selva boliviana. Porque podría no haberlo hecho: porque fue un reivindicador de la contingencia y, sobre todo, porque hizo de su espacio objetivo, el chetaje clasemediero porteño, una nueva construcción: el guerrillero mugriento baleado en un lugar recóndito de Bolivia. Más simple: pudo
haber sido un cheto aburrido que jugaba al rugby, y decidió que eso, que objetivamente se le brindaba, era una mierda. Es la vida del Che la que todo el tiempo se resignifica, y no por sus intérpretes, sino por él mismo: así se reconstruye permanentemente. Es el mochilero que anda por América Latina como médico y deja el botiquín tirado para agarrar el fusil; es el que abandona el fusil y se convierte en Ministro de Economía; y el economista que, todavía vestido de guerrillero, va a cortar caña y a arreglar tractores; es el mismo que deja el Ministerio para ir al Congo, para bajar a Bolivia y retomar la guerrilla. Es una reconstrucción permanente de la propia subjetividad: como si tuviera que escaparse, todo el tiempo, de una posible vida que le hubiese sido mucho más cómoda. Y hay que tener muchísimos huevos para hacer eso, incluso más que para pararse frente a una ametralladora y decir que apunte firme, que usted va a matar a un hombre. Acaso una cosa sea consecuencia de la otra: el precio a pagar en ese momento por negar la objetividad y construirse la propia.

El Che tenía que existir...dialécticamente (por decirlo así). Como la contrapartida del
pragmatismo más puro, que tantas veces reivindicamos. No nos asusta el pragmatismo gracias a Perón: pero nos conmueve el principismo por Guevara. Queremos pensar que en el medio existe algo. Perón y el Che debieron existir para que pensemos eso.

6 comentarios:

Mauri dijo...

Es una buena oportunidad para reprocharte no estar en tu blogroll.No t preocupes, ego t absolvo.
No escribistes un reduccionismo, pero expresas una debilidad en la que caemos muy seguido:hacer una lectura mas sentimental de su trabajo politico y convertir su epica en una aventura.
Yo entiendo ese razonamiento porque desde mi punto personal , el del Che es el triunfo del mochilero argento q sale por Latinoamerica a ver que hay mas alla del pequeño sur donde la tirania de la geografia nos obligo a vivir.Vivimos encerrados y el Che salio aver que pasaba...
Te lo digo porque hoy escribi bastante sobre el Che e incluso encontre un texto sobre Peron y el Che.
La accion del Che no fue solamente sentimental,por ejemplo su caracterizacion sobre el rol revolucionario del campesinado sigue actual,la Bolivia de Evo es testigo de ello.Su estrategia armada habria que repensarla en el contexto de su epoca, pero mal que mal algun dia nos tendremos q poner a aprender a desarmar un fusil.El tema del Poder siempre estara latente.Despacio o de pronto, algun dia nos tendremos que hacer con la suma del Poder Publico para hacer Justicia.
Era un autentico Baby Boomer.
Me gusto la reflexion final donde intentas desprenderte de esos vicios que nos llevan a ponerlo en una estatua literaria. Y lejos del rosqueo que imaginas, el Che era Fidel, sin su veña no hubiese ido ni a la otra cuadra.
Saludos.

Tomás dijo...

Mauri: es, absolutamente, una lectura sentimental de un trabajo político. Obviamente, el tipo fue más que eso. Me interesaba reivindicar la cuestión de la negación propia, nada más. Creo que políticamente podemos seguir discutiéndolo.

Disculpá, tengo que actualizarme con el blogroll. Mientras tanto te agrego. Saludos.

Lucas Carrasco dijo...

Muy bueno, Tomás.
De verdad.

Tomás dijo...

Gracias Lucas. También de verdad.

Insisto: no es un análisis político. Quería decir algo sobre el Che y me salió esto. Nada más.

Seguramente, el Che era mucho más.

Eduardo Real dijo...

Tomás: Excelente. Así lo siento yo al Che, y me ahorraste el trabajo de decirlo. Firmo al pie.

Anónimo dijo...

Che para ser revolucionario tengo que jugar en el SIC?
Pucha, no creo que me dejen entrar, soy negro y me gusta la cumbia.
:P
Besis.