14/4/08

La Sirvienta Ideal

En una suerte de debate acerca de las retenciones, las cosas se van más allá y alguien me acusa de apología del subjetivismo, de desconocer la historia de la estatalidad, y, además, de desconocer la naturaleza humana. Creo, justamente, que las tres acusaciones juntas son contradictorias: que conocer la historia de la estatalidad es, contrariamente, el primer paso para una apología del subjetivismo y, en consecuencia, el alumbramiento que enceguece cualquier acercamiento objetivo a la idea de “naturaleza humana”.


El tipo afirma que “la ganancia extraordinaria” es una noción subjetiva implantada por el Gobierno: a mí me parece que tiene razón, pero que le faltó agregar: toda afirmación del Estado es una conceptualización subjetiva. Y que así como hoy habla de “ganancia extraordinaria” ya habló de “delincuentes” y “normales”: puro subjetivismo. La construcción del sujeto de la delincuencia es una consecuencia de azares históricos, y lo que nos sale tan natural, decir quién está desviado y quién no, no es sino el fruto de una construcción histórica.


Es una característica que no ha sido demasiado resaltada, porque así lo requiere la característica, pero lo que mejor ha hecho la burguesía es esconder la Historia (“lo mejor”, no en un sentido moral, sino de eficacia): lograr que cada uno de los conceptos sobre los que se fundamenta -la naturaleza humana, la moral, el bien y el mal- aparezcan como objetivamente dados: hay Estado porque así lo requiere la naturaleza humana. Y entonces no cabe preguntarse qué es la naturaleza humana, porque es lo que hace que necesitemos un Estado. Y así, tautológicamente redefiniendose, la burguesía ocultó durante siglos que, tras cada una de sus construcciones, había una historia: y por eso siempre la condena social a sus genealogistas (ver, sino, el desprecio por las obras genealógicas de Nietzche y Foucault). Roland Barthes, en Mitologías, decía que “la historia se evapora, es una especie de sirvienta ideal: prepara, aporta, dispone, y cuando el patrón llega, desaparece silenciosamente”.


Las cosas fueron de una manera: la burguesía le ganó la lucha al oscurantismo del Medioevo, y a la fuerza de Dios había que oponerle la legitimidad del hombre: había que crear un fundamento universal, una visión compartida. Es en esa historización -que conviene profundizar y no quedarse con tres líneas estúpidas- que se descubre la contingencia: la noción de que fue así pero que pudo ser de otra manera, y que por lo tanto las “verdades objetivas” penden del hilo de los procesos históricos que lo sostienen.


Y me parece una visión mucho más esperanzadora de la Humanidad, porque se funda en la necesidad de construir un sujeto mucho más plural. El sujeto deconstruído de Nietzche me parece más un desafío que un nihilismo negativo o un subjetivismo relativista capaz de permitir cualquier cosa: la lectura de la historia siempre arroja la sensación de que, en realidad, mientras menos y más “objetivos” fundamentos tenía algo (“la evolución racial” para el nazismo, supongamos), mucho mayor era el grado de violencia con el que se desenvolvía: el germen del totalitarismo es el fundamento único. Sobre todo, porque esa violencia se vuelve legítima en términos absolutos..."objetivos".

Si no hay fundamentos, ¿desde dónde criticar? Pues bien, creo que sería mucho más interesante la crítica que pueda venir desde diversas perspectivas. Se me ocurre que hay un espacio de libertad mucho más amplio dentro de esta visión “subjetivista”, que en aquellos sistemas-procesos-estructuras que ya han arribado a fundamentos últimos que terminan con cualquiera capacidad crítica: ¿qué hay que criticar si ya sabemos cuál es la naturaleza humana y lo único que importa es evolucionar hacia ella? (el nazismo podría ser, digo, simplemente el acelerador evolutivo hacia un fundamento dado de ideal de naturaleza humana).


De ahí, de esa importancia de la crítica, surge la necesidad de una genealogía de la historia, nietzcheana, foucaultiana, que desnude los procesos de objetivación por los cuales las cosas aparecen ante nosotros como naturalmente dadas: la genealogía de la historia consiste en entrar en el cuarto antes de que la Sirvienta Ideal lo haya arreglado, para borrar las huellas de lo que allí fue construído y darnos, así, la idea ilusoria de que todo es producto de la evolución natural de las cosas.

4 comentarios:

il mono dijo...

se me haría muy complicado crear una critica al texto y por otro lado no quiero hacerlo, me parece que esta todo dicho y si se intenta agregar algo mas entrariamos en una redundancia, pero me quedo con algunas frases:
"pero lo que mejor ha hecho la burguesía es esconder la Historia" no solo la esconde también la modifica y a sido tan modificada que ya la historia esta lejos de ser un dogma incriticable, es mas bien todo lo contrario la historia es el punto donde toda critica empieza a ser concebida por unos y por otros.

Raskolnikov dijo...

Muy acertado. Yo creo que el propio ocultamiento es una forma de deformar. La Historia es luchas de poder, políticas, sociales, culturales, económicas: y lo que vivimos hoy es su resultado, pero un resultado que bien pudo ser otro, que por lo tanto es contingente. Fundar determinados argumentos en supuestas "naturalezas humanas" o en una moral única e irrefutable me parece mucho más peligroso que la apuesta por construir una nueva subjetividad.

Tomás Münzer dijo...

Muy bueno, creo que esto surgió por una discusión en cierto blog :P. Lástima que es más fácil, para algunos, quedarse en lo dado, la naturaleza humana, que buscar los orígenes, la genealogía, porque eso significa ensuciarse en la historia, investigar, buscar, buscar mucho, y eso no te permitiría disfrutar el auto, Internet, el celu último modelo que filma, etc. Saludos.

Raskolnikov dijo...

Ja, sí, no me di cuenta de citar que había sido tu blog, pero fue por un problemita técnico (subí el texto que ya lo tenía escrito y estuve dos horas acomodándolo). Es extraño como tu blog se llenó de liberales de pronto, y sobre todo se llenó de la soberbia que tanto desprecian al son de las cacerolas. Hay demasiado odio de clase, y eso les juega en contra, porque se destapan las verdaderas intenciones de determinadas actitudes.