24/9/10

No sabemos dónde ponerlo a Rucci


Es un poco anacrónico en tanto que análisis político, sostener que “por qué Montoneros no hacía política, che, en vez de andar matando gente”. Montoneros hizo política, nos guste más o menos el cómo. Agarrar los fierros es dejar la política, pero ahora. Ahí, en ese momento, era UNA parte de hacer política. No porque eso fuera TODA la política, sino porque era una opción con cierto grado de legitimidad. A la vez, la opción movimientismo-militarismo no es tan maniquea como se ve a la distancia. Como si optar por una u otra no tuviera consecuencias, casi, hasta en la vida personal. Hay un punto donde la violencia política es como la inflación: en el momento que se dispara, o te agarrás o no existís.

Se me hace que el punto anterior es necesario para dar un paso más. Para sostener que, así como la violencia política era un espiral impermeable a cualquier freno, también es cierto que hay una economía de la violencia política. Que por alguna extraña razón no se mataron todos contra todos. Que por algo mataron a Aramburu y no a Rojas; a Rucci y no a Lorenzo Miguel.

Dicho esto, entonces se puede juzgar el asesinato de Rucci en términos políticos. Luciano nos preguntaba dónde ponía nuestra generación a Rucci, y yo no me voy a hacer cargo de una respuesta que le corresponde a una generación, pero aunque sea doy la mía. Sacar a Rucci del debate moral sobre la violencia política es la condición sine qua non para poder decir que fue uno de los errores no sólo estratégicos, sino de concepción política, más grandes de la historia política argentina.

Que la violencia política sea un hecho relativamente instalado no legitima nada. Matar a Rucci dos días después de que Perón gana las elecciones con el 61,85% de los votos es una forma de arrogancia política. (Un amigo me dijo una vez algo muy bueno: si Montoneros mató a Rucci con el 61%, ¿el PTS con el 1,52% a cuántos se debió haber cargado?). Es vandorismo de izquierda. El problema no es el vandorismo como táctica: el problema es cuando es fundamento. Cuando sos a partir de que golpeás para negociar. No sé cuánto habrá tenido que ver Aramburu, en eso. Cuánto condiciona la incubadora de una organización política a su devenir. Cuánto cuesta renegar de eso. La pregunta, más que por qué no se hizo, fue por qué no se intentó. Dos días no me alcanzan como esfuerzo (y me hago el boludo, me hago el que no entiendo que la estupidez del asesinato de Rucci está planeado independientemente del resultado electoral. No voy a decir que ahí sí, ahí sí Montoneros dejó de hacer política, ahí sí hay un argumento para decir: por qué estos tipos no hicieron política, y ahí sí me respondo que el 25 de septiembre de 1973, los fierros le ganaron a la política, por lo menos un día, por lo menos de ahí para adelante, por lo menos hasta el 24 de marzo de 1976).

Leer a Ceferino Reato para entender el crimen de Rucci es como leer a Freud a través de Ari Paluch. El chantapúfete de Reato escribe trescientas páginas para decir que el crimen de Rucci es un crimen del Estado porque los que lo mataron fueron en un auto de la Provincia de Bs. As. y guardaron las armas en no sé qué galpón de qué dependencia. Yo comulgo con la idea de que la reinterpretación de la historia es un proceso “natural” de la vida social (porque sino la historia, ¿qué es?, ¿Una y Verdadera?). También creo que uno puede criticar esas interpretaciones, sobre todo cuando están tan flojitas de papeles.

Algo de lo que dijo Cristina Kirchner en el Luna Park es muy cierto. Este momento histórico es envidiable. Yo sé que es una categoría que no se debería usar en política: pero este momento es mejor que aquél. No por este gobierno, sino por una construcción colectiva de la democracia, que involucra procesos latinoamericanos, que involucra tendencias mundiales, y que involucra, también, al accionar de nuestros partidos políticos (a los que hay que reivindicar, siempre, en tanto que organizadores de la política). Una democracia a la que le falta mucho, muchísimo (entre otras cosas, revisar el pliego de bases y condiciones con las que aseguró su propia supervivencia, pero que ya están, que ahora te atan, que te hacen garpar por un servicio que no te garantizan).

Pero si me dan para elegir, dejame vivir este momento. Dame el momento en que esa opción por los fierros está enterrada, y dejame que yo te diga lo que me parece que hicieron mal, yo sé que el contexto y todo eso, pero si yo no digo que hay cosas que hicieron mal, como arrogarse una representación (EL pecado de la política), entonces no puedo hacer lo que quiero en este momento.

Yo quiero el momento en que me puedo sentar al lado de la Juventud Sindical. Quiero el momento en que nadie subestima a nadie. Si tengo que definir qué es mejor de nuestra generación, esta, la de ahora, es eso: acá nadie se cree más que nadie lo suficiente como para pisarle la cabeza. Acá se golpea, para negociar, con la urna en la mano. Si acá, como dice otro amigo, "no se dejan representar", nosotros nos vamos a lo último de la fila y empezamos de nuevo.

¿Rucci es una bandera de nuestra generación? Me parece que todavía incomoda. No sé si es una bandera. Lo que sé es que su asesinato -que es otra cosa, que es un hecho que hasta se independizó del personaje, que si vos preguntás por la calle hay más gente que sabe que mataron a Rucci antes que quién fue Rucci-, mejor, la condena de ese asesinato como lectura de una arrogancia política, sí es una bandera generacional.

A mi me gusta nuestro momento.

14 comentarios:

Todos Gronchos dijo...

Excelente.

paniagua dijo...

No reivindicar su crimen. Con eso alcanza. Porque la herencia de Rucci es el sindicalismo argentino y poderoso actual. El problema es esa doble articulación kirchnerista de hegemonía material de la CGT y de Billiken montonero a la hora de la letra, eso te desubica, y te desubica no sólo a Rucci, eh. Incluso, esto además ocurre en la minoría "sobrepresentada" por egresados de la escuela Nacional.

Grande Tomi. Abrazo

manolo dijo...

Tomas.
La M solo es parte del problema de los 70; recordemos como trataron los del ERP a Campora, el burgués vacilante.
Leer con atención a Santucho.
http://www.marxists.org/espanol/santucho/1973/agosto.htm
Se les ofreció una tregua, y respondieron que iban a seguir “luchando” contra las FFAA y las Multinacionales.
Desautorizado a el PEN y el Congreso.
Otro si, el ataque a Azul, se los llevo puestos a Bidegain y los de la Tendencia en la PBA.
En pocas palabras; no se creía en la “farsa” electoral demo burguesa, el “poder nacía de la boca de un fusil”, y no de la Organización Popular.
El militarismo, no era más que la puesta en acción del elitismo blanquista e iluminista.
Las corridas de arco actuales, tienen la misma motivación que los de aquellas épocas; acelerar las contradicciones, para que todo explote.
Y el “Pueblo” ruegue a los Ilustrados, que se hagan cargo.
Un abrazo

manolo dijo...

Tomas.
Otro si, para comprender el abismo conceptual.
“Como parte sustancial del Gran Acuerdo Nacional, el peronismo burgués y burocrático, se proponía defender hábilmente el sistema capitalista argentino de los embates del pueblo revolucionario, reorganizarlo y reconstruirlo, estabilizarlo y lograr un desarrollo capitalista que diera larga vida a este injusto sistema en nuestra patria.
La forma de llevar adelante esa política fue claramente explicitada por Perón, Cámpora y otros dirigentes y consistía en lograr una tregua social, política y militar, que eliminara con engaños del escenario la lucha armada y no armada de la clase obrera y el pueblo, diera la ansiada estabilidad social que le permitiera reorganizar el capitalismo, atraer capital imperialista, mejorar parcamente la situación económica, ganar así mayor crédito en las masas con algunas concesiones y pasar recién entonces al aislamiento y represión, a la destrucción de las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo, todo lo cual les permitiría lograr su objetivo de salvar el capitalismo.
Desde ESE punto de vista; Néstor, Cristina y los kirchneristas, son traidores concientes a la Revolución; idiotas útiles de “brujovandorismo”.
Un abrazo

Luciano dijo...

Enorme, Tomás.

Un Abrazo

Politico Aficionado dijo...

El asesinato de Rucci fue algo peor que un crimen, fue un error.

Todavía estamos pagando las consecuencias.

Udi dijo...

Fiera: no terminamos de digerir al "leuquismo" y disparás de nuevo con munición gruesa.
En fin, el post me deja tres (3) heridas, casi como la canción.
1) El "debate moral sobre la violencia política", de Sartre y Camus para acá, creo que es casuístico, categorías como crimen o asesinato no ayudan a explicar el hecho político.
2) Una cosa es "querer tomar el cielo por asalto", y otra Montoneros y/o ERP. Entender la marca en el orillo, indeleble, de clase (genéricamente: pequebú) de ambos es imprescindible. David Viñas, Cortázar y algún otro de la generación de intelectuales que se sintió defraudada con Frondizi (libertades democráticas para la pequeño burguesía y justicia social para los trabajadores, ya sabemos cómo acabó) dan cuenta del ambiente en que se formó la dirigencia de las orgas armadas unos años después.
3) Que este momento histórico sea "envidiable" no quita que quienes vivieron (aunque sea en los márgenes, ejem...) los '70 no lo hayan sentido de igual modo.
Saludos

damianivanoff dijo...

El asesinato de Rucci es el hecho que muestra cabalmente adónde lleva la lógica de los fiambres. De más está decir que casi siempre el fiambre más importante lo ponen los movimientos populares y/o revolucionarios.

Es verdad, es un buen momento en el que podemos hablar de ésto y en el que ningún iluminado nos va a quemar a todos intentando tomar un cuartel.

(Nota: Pasaron recién 21 años del último ataque "de foco"...esperemos que no sólo sea una tendencia)

Mariano T. dijo...

Muy bueno.
La brutalidad del proceso generó una catarsis. La izquierda hizo suyos valores teóricos del liberalismo burgués, como los derechos humanos y la democracia. Hoy hasta la mayoría de los troskos dejaron de considerarlos pamplinas burguesas.

Merian dijo...

A mí también, Tomás.

Es lo que le vengo diciendo a mi papá (1952) cada vez que va a una facultad por alguna razón y me (1983) carga con que los afiches hablan del precio de las fotocopias cuando los de su época eran sobre la "lucha" (o cualquier argumento que intente reivindicar esa efervecencia): "nosotros no nos agarramos a los tiros, papá".

Excepto esta y otras interpretaciones críticas y sobre todo generacionales (esté o no de acuerdo), yo estoy un poquito harta de hablar de los setenta.

Matias dijo...

Es que no caben dudas de que los FAL dejaban mas certezas que los Blogs...pero coincido que muchas de esas referencias ya no nos sirven para construir políticamente. Ese mix de aventura, trascendencia y violencia nos fascina y nos desagrada al mismo tiempo, por nuestra propia imposibilidad de encontrar un reemplazo que esté a la altura. Igual, estoy de acuerdo, necesitamos nuevos mitos, para nuevos -y ojalá mejores- tiempos.

y ya que estamos, lidiar con nuevas contradicciones, como dijo el amigo. "El problema es esa doble articulación kirchnerista de hegemonía material de la CGT y de Billiken montonero a la hora de la letra, eso te desubica". Excelente

Me lo llevo a terapia.

abrazo

regrosso dijo...

excelente

gracias a dios, salvo un par de troskos bobitos, en estos años no apareció ninguno a asumir el papel de vanguardia iluminada, es muy cierto. No le tiraron un muerto en la mesa a nadie (ni literal ni simbólicamente), y eso es aplaudible. COmo dijera Feinmann, hemos aprendido a acotar los márgenes de violencia en los cuales se desempeña la política

Alejandro dijo...

Muy buena nota, justamente esta semana tocamos el mismo tema en la Revista, te dejo el link

http://revista.ideasperonistas.com.ar/44/el-kirchnerismo-debe-reivindicar-a-rucci.html
..
Abrazo

Quintín dijo...

A esta altura, lo de Rucci ante todo un síntoma de que el kirchnerismo está partido. ¿Qué tiene que hacer la JS al lado de Sabbatella? Entiendo que sea difícil abandonar tanto poder, pero en algún momento tendrán que aceptar que eligieron mal o seguir prisioneros de este disparate. Atentos saludos a Manolo y el resto de los muchachos pernoistas.