15/5/13

Neoextractivismo




Hace algunos días Maristella Svampa publicó en Nueva Sociedad este artículo, "«Consenso de los Commodities» y lenguajes de valoración en América Latina". Es un intento de construir el diagnóstico sobre cuál es el modelo de desarrollo económico de lo que vagamente damos en llamar el "post-neoliberalismo" en América Latina, a falta de otro nombre. Define Maristella al Consenso de las Commodities como un modelo impuesto en la región tras la caída del Consenso de Washington, que cambia el patrón de acumulación de matriz netamente financiera, por un nuevo paradigma:


"(...)un estilo de desarrollo neoextractivista, que puede ser definido como aquel patrón de acumulación basado en la sobreexplotación de recursos naturales, en gran parte no renovables, así como en la expansión de las fronteras hacia territorios antes considerados como «improductivos». El neoextractivismo instala una dinámica vertical que irrumpe en los territorios y a su paso va desestructurando economías regionales, destruyendo biodiversidad y profundizando de modo peligroso el proceso de acaparamiento de tierras, al expulsar o desplazar a comunidades rurales, campesinas o indígenas, y violentando procesos de decisión ciudadana".
 
Acá está el paper entero. 



El debate sobre modelos de desarrollo y acumulación (le agregaría la lectura de la nota de Huergo en Crisis y el posterior debate en Artepolitica) no se termina en ese diagnóstico, en el que incluso bien vale diferir. Incluso si se diera el caso de coincidir con el análisis anterior, ¿cuál es el modelo alternativo de acumulación a la explotación de los recursos naturales? En esa pregunta, hay otra que es anterior, incluso: ¿se puede explotar recursos naturales de otra manera?, ¿se puede hacer "mejor extractivismo"?

El Revenue Watch Institute publica todos los años su "Índice de Gobernanza de los Recursos", que se podría traducir como un índice de políticas de transparencia y rendición de cuentas de los recursos naturales. Mide las políticas de los 58 países que producen el 85% del petróleo mundial, el 90% de los diamantes y el 80% del cobre, a través de indicadores que tienen que ver con los marcos legales, las regulaciones comerciales, las agencias del Estado, políticas ambientales, etc. De los países medidos sólo 11, según el indicador que construye el paper, obtuvieron la calificación de aceptable. Acá está el informe entero:




Y para cerrar, el post y no el debate, Evo en "Presidentes..." (más o menos minuto .38):
"Algo que no comparto: los europeos so pretexto de medio ambiente no quieren que tengamos luz, no quieren que implementemos termoeléctricas, hidroeléctricas, etc. (...) Es importante defender a la Madre Tierra pero también es importante dotar de energía a nuestros pueblos". 


14/5/13

Volvió el espionaje



Tres notas de espionaje del día.

- En Moscú, el servicio secreto ruso (FSB) detuvo al tercer secretario de la Embajada Norteamericana Ryan C. Fogle, por intentar comprar los servicios de un especialista ruso dedicado a la lucha contra el terrorismo en el Cáucaso Norte.



- En EEUU, el Ministerio de Justicia reconoció haber pinchado unos veinte teléfonos para detectar una filtración interna sobre actividades antiterroristas en Yemen. Acá en inglés (un poco más desarrollada) y acá en castellano.

- Una enorme nota sobre Ana Montes, la Reina de Cuba.

9/5/13

Día de la Victoria



Aunque en la mayoría de Europa se festejó ayer, en Rusia y algunas ex repúblicas soviéticas por diferencia horaria, hoy 9 de mayo se festeja el Día de la Victoria en conmemoración de la rendición nazi.

Algunos cosas para leer y mirar:

- En Rusia Hoy hay una buena cronología de las tres rendiciones.

- Murales sobre el tema (fuente de la foto que ilustra).

- Un artículo sobre la figura de Stalin en la Gran Guerra Patria.

- Otra crónica, esta vez del blog Rusadas, que tiene este video del día de la rendición:


- Una galería de fotos sobre un grupo de voluntarios que se dedica a desenterrar restos de soldados caídos en la guerra.

- Fotos de época, creemos, porque está todo en ruso.

- Una gran historia sobre un soldado soviético y una mujer alemana.

- Acá una ponencia sobre la guerra como forma de construcción de la identidad rusa a través de la memoria colectiva sobre la guerra. Una de las hipótesis es: a medida que se erosionan los símbolos de la URSS (la super potencia militar, el hombre nuevo, la construcción de una sociedad nueva, la revolución, etc.) más crece la importancia simbólica del Día de la Victoria.

- Cerramos con el desfile entero y esta galería de fotos del desfile para los más impacientes:



8/5/13

Cazadores de mitos



El lunes pasado Retro Reports y el New York Times lanzaron la primera investigación de lo que será un portal permanente de revisión de hechos periodísticos del pasado. En qué quedaron esas historias, si eran ciertas, si fueron bien investigadas, etc. El primer episodio es sobre el barco de basura Mobro 4000, una embarcarción que habría estado a la deriva sin destino de arribo durante varios meses. En el video se puede ver los resultados de la investigación.

Los sitios de chequeo de datos, o fact checkers, tienen bastante relevancia en el debate político de los EEUU (el más conocido, creo, es este) y funcionan casi como fuente incluso. En la Argentina el antecedente más reconocido es la emergencia del sitio  Chequeado, a partir del cual se abrieron algunos que otros debates. Alguna vez, el @escriba dijo algo así como "la política no se mide calculadora en mano", que resume más o menos la postura que me parece bien. Los datos se pueden chequear, me parece, cuando son datos, cuando forman parte de una política pública y no de "la política" en general. No se puede chequear, por ejemplo, la frase de Cristina: “Para los invisibles y los pobres no hay ni cautelares, ni inconstitucionalidades, ni nada”, sin perder un poco de la mentada "neutralidad valorativa" con la que un sitio de chequeo de datos dice contar. Porque es una frase que busca construir sentido más que demostrar un dato. 

Y esto tiene que ver con un tercer punto, que resumió perfectamente el sitio Scriptor, de donde sacamos la noticia, respecto a qué se chequea y qué no, y dice así: 


Quizá si en vez de quedarse en realizar un interesante y a todas luces necesario fact checking de un asunto, hubiera además una proactividad de tipo veritativo; es decir, si se aludiera al necesario trabajo de facts selecting y de facts assembling, el resultado sería mucho más creíble.
No basta chequear los hecho consignados en una información. Si se quiere saber acerca de esa información, cuenta mucho la selección de unos hechos (y la marginación de otros hechos) y sus razones, así como el montaje argumentativo seleccionado (así como los posibles ensamblajes marginados) al dar forma a los hechos seleccionados e históricamente consagrados como "sagrados" y por tanto intocables y los únicos relevantes y dignos de consideración e interés. 

Una buena noticia que surja un sitio que empiece a a chequear a los que chequean. Aunque, claro: journalists don’t like to be accountabilitized.

3/5/13

Liberia y ciencia política




El paper viene a cuento de una discusión que tienen los blogs de ciencia política norteamericana, y de hecho lo encontré ahí. Viene a dar respuesta empírica a una pregunta metafísica que realizan profesores del CBC, amigos en general y abuelas en particular: para qué sirve la ciencia política. 

Se trata del resultado de la aplicación de un programa de educación cívica en Liberia, en zonas devastadas por las continuas guerras civiles. La conclusión (atento que va un spoiler) es que la aplicación del programa incrementa los niveles de entusiasmo en la participación, reduce los niveles de parroquialismo (que merece una discusión aparte) e incrementa el grado de compromiso con el proceso electoral y la accountability vertical. 

Pero más interesante aún: es un trabajo enormemente científico que presta mucha atención a la cuestión metodológica. Y no es una casualidad: es un trabajo que está basado en un experimento, con todo lo que eso conlleva para una ciencia social. 

Queda para la discusión uno de los presupuestos teóricos de la investigación: que, bajo condiciones de inestabilidad en estados frágiles, la "clase política" tiene pocos incentivos para hacer circular la información que permite la expresión libre y democrática. 




Samii Paper by Tomás Aguerre

2/5/13

Me fui a los bosques


In early 2012 I was 26 years old and burnt out. I wanted a break from modern life — the hamster wheel of an email inbox, the constant flood of WWW information which drowned out my sanity. I wanted to escape.

I thought the internet might be an unnatural state for us humans, or at least for me. Maybe I was too ADD to handle it, or too impulsive to restrain my usage. I'd used the internet constantly since I was twelve, and as my livelihood since I was fourteen. I'd gone from paperboy, to web designer, to technology writer in under a decade. I didn't know myself apart from a sense of ubiquitous connection and endless information. I wondered what else there was to life. "Real life," perhaps, was waiting for me on the other side of the web browser.

My plan was to quit my job, move home with my parents, read books, write books, and wallow in my spare time. In one glorious gesture I'd outdo all quarter-life crises to come before me. I'd find the real Paul, far away from all the noise, and become a better me.

Un año sin internet, en The Verge.

13/1/13

Gerrymandering y vida cotidiana




Americans voted for Democratic Senate candidates than Republicans; this led to the inauguration, last week, of a Senate led by Democrats. And a million more Americans voted for Democratic candidates for the House of Representatives than voted for Republican candidates. Yet the new House has a thirty-three-seat Republican majority. There is one main reason for the electoral anomaly in the House: gerrymandering.


Even without gerrymandering, by this estimate, the November vote might have produced a Republican majority in the House. But the margin would have been so narrow that Democrats would have been able to get bills passed if they could hang together and get a handful of defectors from the other side.

Also, because many of them run in super-safe conservative districts, Republican congressional candidates often fear radical-right primary challengers more than the Democrats they will face in the general election. So they vote against taxes and for spending cuts with an adamancy that voters in more competitive districts would not long countenance. This ornery radicalism now threatens to produce shutdowns of the federal government. House Republicans refuse to raise the debt ceiling, and the Obama Administration will run out of tricks to remain under that ceiling some time around March 1st. This would be a frustrating episode of governance to endure even if it were fully legitimized by a truly democratic election. Yet the House Republicans’ check on Obama’s power is not truly democratic; indeed, it is based on extreme ideas that would be marginalized if not for the creative drawing of districts.



En The New Yorker.

Más de Sam Wang.

14/11/12

Cena en lo de los Laclau


Cena en lo de los Laclau

Libre interpretación de la pieza 
humorística "El primo de Laclau".



El avistaje de famosos es una actividad que cultivamos principalmente aquellos que desde la provincias del interior del país arribamos a la Capital Federal para continuar nuestros estudios universitarios. Mi desempeño en esa tarea había sido hasta el momento más bien mediocre. Contabilizaba en mi haber a la Tota Fabbri, rústico central del fútbol argentino, en la plaza frente a la Facultad de Medicina esperando el 29 (yo, la Tota pasó en un auto); el Colo de Cebollitas, bajando de un auto de marca importada a la entrada de un boliche de Palermo; la chancle más chica de las chancles de Grande Pa, en un cine de la calle Lavalle, aunque en ese caso las opiniones estuvieron divididas y pudo no haber sido; y un sobrino de Spinetta, a quien agrego en esta lista por haber cursado una materia de la universidad con él. Merece la pena aclararse que esta relación no me llevó jamás ni cerca de la casa de Luis Alberto, mucho menos a un camarín post-recital y la única vez que lo fui a ver, en la cancha de Vélez, pagué mi entrada para ubicarme lejísimos, como cualquier hijo de vecino que lejos está de cursar con el primo del artista. 

Digo esto porque debe ser tomado a modo de atenuante para los hechos venideros. Lo que debe destacarse es que mi contacto con personas famosas, es decir, sujetos que salieron en la televisión de manera prolongada en el tiempo, era más bien escaso y de ahí el nerviosismo. Conocí a Pablo en un boliche de una calle cuyo nombre prefiero no recordar. Él estaba con su grupo de amigos mirando para donde estábamos nosotras, yo estaba con Rocío y Belén, solamente, el resto ya se había ido a dormir. Los hechos se sucedieron hasta quedar cerca, hablar un rato, escaparme en la oscuridad del boliche, volver a encontrarnos en una estación de servicio desayunando, irnos juntos, salir tres meses y llegar hasta hoy, el día de la presentación formal ante la familia. No fue el primer novio que tuve pero sí el primer porteño y eso me obligó a la fundante decisión de pasar mi primera Navidad fuera de mi ciudad natal. Quedarse en Capital para las fiestas: un pequeño paso para la Humanidad y uno enorme para una mujer. No era sólo quedarse acá: era la primera cena con la familia de Pablo. Y no era sólo la primera cena con la familia de Pablo: era mi primera cena en casa de un famoso.

Porque sí, Pablo se llama Pablo Laclau y es el sobrino del politólogo Ernesto Laclau quien, como yo, estaba en Capital Federal para las fiestas y pasaría Navidad con ellos, los Laclau, y naturalmente conmigo. La tensión a medida que iba llegando el día tendía a crecer. Una tarde entera gasté en practicar caras de naturalidad adelante del espejo para cuando me presentaran a Ernesto. Mediaba por entonces la carrera, justamente, de Ciencia Política de la UBA, sabía quién era el hombre en términos académicos, pero también me avasallaba su carácter mediático. La gente de la televisión, que estuvo alguna vez en televisión, tiene un no sé qué, una forma de pararse ante la vida, un don que te lo debe dar, calculo yo, haberte parado frente a un aparato como una cámara, esa habilidad sobrehumana de hablarle a un artefacto como si hubiera un tipo ahí realmente. 

La escena de presentación fue menos traumática de lo que me esperaba y la velada transcurría mucho más amable y relajada que mis fantasmas. Había algo, un sentimiento muy cercano al morbo del que frena para ver un accidente, que ansiaba algo que no sucedía. Así como quienes estuvieron en la tele adquieren un aura especial, así quienes escribieron libros y los publicaron también están untados de un espíritu doctoral, de un mantra de sabiduría que al hombre en cuestión, debo decirlo, no le notaba. Uno imagina que quien escribe un libro es alguien con algunas certezas, que un libro publicado es un arma cargada de respuestas. Y, sin embargo, parecía mucho más asertivo un sujeto que se hacía llamar el primo Alejo, que dominaba la conversación desde la punta de la escena, que mechaba historias familiares con comentarios políticos, de religión y de fútbol, esos tabúes de la cena navideña. Y el bueno de Ernesto, lo suficientemente cerca mío como para que lo contemple como a un dios caído, asentía, reía de vez en cuando y se zambullía en otros menesteres tan nobles como el vitel tonel. Debo decir que hasta un poco me desilusionó la figura de Pablo, que acompañaba con detalles alguna anécdota del primo Alejo y no más. Otros se enfocaban en los niños que correteaban alrededor de la mesa, una pareja de tíos realizaba una transacción automovilístico-financiera y dos señoras viudas elogiaban la vajilla como sólo las pueden elogiar dos señoras viudas, es decir, denigrándola. La escena era mucho más relajada de lo que pensaba, sí, pero también era mucho menos cercano a ese olimpo que los diferenciaba de nosotros. 

Cerca de las doce, con las botellas de sidra a punto de descorcharse, las unidades de casatta en telgopor recién salidas del freezer y el dueño de casa inventariando las unidades pirotécnicas para la función, el milagro de Navidad ocurrió. No recuerdo verdaderamente cuál fue el detonante y un poco le debo a este fallido haber intentado ahogar mi decepción en esa pócima dulzona que dan en llamar Fresita y que las dos señoras viudas descorchaban como si el mañana no fuera probable. Lo cierto es que, con alegría (eso me recriminó una vez Pablo, tiempo después cuando nos dejamos tan respetuosamente) volteé mi cabeza hacia donde el milagro estaba sucediendo. El primo de Laclau, con el arrastre de consonantes característico del primer embate etílico, se adentraba en la llanura de un milagro sin regreso.  
- ...pero lo que vos decís es una pelotudez, Ernesto, una pe-lo-tu-dez, con todas las letras, querido – le espetaba con un golpe final a la mesa que rompió una copa y puso la atención de todos, incluso de los niños, sobre lo que allí ocurría. 

- Está bien, Alejo, pensá lo que quieras... - concedió Ernesto, desanimando un poco el clima riendo nervioso... - si es lo que siempre hacés. No se puede discutir con vos de esto, tiene razón la vieja, de hermenéutica, deconstrucción y teoría del discurso en la mesa no se puede hablar. 

- Siempre lo mismo, ¿qué sos más porque escribiste un libro? - y su mirada la sentí fulminándome, como si ese borrachín que agitaba el dedo me hubiese leído los pensamientos toda la noche – Mucho libro, mucho libro... está todo mal en ese libro, Ernesto, ¿ahora resulta que todos los elementos que entran en la lucha hegemónica son en principio iguales, que ninguna lucha, ni la económica, ni la política, ni la feminista, nin-gu-na, sobredetermina secretamente el horizonte mismo de las luchas? 

- No, basta otra vez por lo mismo no van a discutir – sentenció una de las tías acompañando con unos ademanes que denotaban cansancio. 

- Esperá un momentito, ¿yo cuándo dije eso? La afirmación esa de perogrullo que hacés, que los elementos son desiguales esencialmente, lo sabe hasta el Benjamín – refutó Ernesto Laclau, señalando con la cabeza a uno de los niños pequeños que correteaba por el living – y la teoría de la hegemonía es la teoría de esa desigualdad precisamente. Pero vos, primito querido, no presentás argumentos históricos, presentás argumentos trascedentales, porque en esa cabecita loca tuya, lo que sobredetermina todo a priori es la economía... 

- Ah, lo único que falta – respondió escandalizado el primo Alejo, exagerando un acting que puso en vergüenza a su mujer hasta lograr retirarla – el señor ahora interpreta lo que yo creo en mi cabeza, qué freudiano... Mucho más freudiano que vos... 

- ¿Ah, sí?, ¿más freudiano que mi supuesta sobredeterminación? 

- Por supuesto, tu sobredeterminación no es freudana, la de Freud depende de una historia personal, no existe un elemento que sobredetermine en y por sí. Sin embargo, para vos hay algunos elementos que están predeterminados a ser sobredeterminantes, eso es mas jungeano que la analítica. 

- Pero, por favor... 

- Tenés que elegir, primo, las ontologías son incompatibles, o bien la sobredeterminación es universal en sus efectos o bien es una teoría regional que está rodeada por un área de determinación plena que, como sobredetermina, se convierte ella en el campo de la ontología fundamental. Pero no, primo, casata y bombón suizo no se pueden comer – dijo Ernesto y se contradijo inmediatamente, al meterle un cucharazo a cada postre, ora para graficar, ora para calmar la sequedad de la boca. 

- Bueno, tampoco es para ser tan duros, somos familia – intentó calmar los paños Javier, uno de los dos encargados de los fuegos pirotécnicos, con una caña voladora de la altura del Benjamín en la mano – también vos Ernesto, no te comés una, viejo, podés reconocer algo... 

- ¿Algo qué? - dio vuelta la silla y miró al portador de la pólvora. 

- Digo, estamos todos de acuerdo, el proyecto de la Modernidad ya fue, ya pasó, ahora que la razón iluminista se transforme en instrumental no me parece motivo suficiente, Ernesto, disculpame que te lo diga así directamente, para abandonar su potencial emancipatorio. Vos la hacés fácil, te servís helado, agarrás y tirás dos siglos de intentos emancipatorios al tacho como si no fuera posible encontrar un vínculo inteligible... 

- Otra vez con esa cantinela... - resoplaba Laclau, mientras Pablo me decía algo al oído que no llegué a comprender, pero que tenía que ver con ir a abrirle a Chantall, la mujer de Laclau.

- No, cantinela no, Ernesto... - insistió Javier. 

- Para vos todo es cantinela, Ernesto, eso es lo que pasa – acotó desde la punta el primo Alejo. 

- Tiene razón el primo, para vos es cantinela el esfuerzo por encontrar un elemento simbólico para el vínculo entro política y sociedad, es cantinela introducir la idea de expansión comunicativa y es cantinela la objetivación de esa comunicación en instituciones sociales... 

- Ah bue, echá los fideos que estamos todos – irrumpió, fumando desde la calle Chantall Mouffe, la mujer de Laclau – las doce de la noche, Navidad y me reciben con la teoría de la acción comunicativa, pero dónde se ha visto, ahora resulta que la razón libre sojuzgamiento no es una ilusión del proyecto moderno. 

- La heterogeneidad existe – discurrió una de las tías, desde el borde de la silla, el Fresita a punto de experimentar el vacío lacaniano. 

- Pero claro que sí, tía – respondió desde la punta el primo Alejo. 

- No, claro que sí, no, Alejo, sos un panqueque – le espetó Chantall. 

- ¿Cómo me decís panqueque en una cena familiar ? - se indignó el panqueque. 

- ¡La pueden cortar, por favor! - expresó con voz angustiada la abuela Elba, pionono en mano, la mirada afligida. 

- Te dicen panqueque porque es lo que sos, Alejo. La tía tiene razón, para vos – lo señaló - y para vos también Javier, la heterogeneidad existe pero como un tipo ideal, porque lo que existe verdaderamente para ustedes es una pluralidad, una positividad de elementos definidos a priori, una diferencia de gustos, para ustedes heterogeneidad es retar a los nenes porque dejan la frutilla de la cassata, y no. La heterogeneidad no es una diferencia ahí donde necesita un espacio común para diferenciarse, que la heterogeneidad no tiene, y que por eso implica exclusión respecto del espacio de representación como tal. 

- Pero, por favor, Ernesto, todas las navidades con el mismo cuento... – retomó ahora Javier, en defensa del primo Alejo – kantiano... 

El silencio fue demoledor. El aire del ambiente se cortaba con una gilette, un escenario similar al que ocurre cuando a Marty Mc Fly en Volver al futuro le dicen “gallina”. Las dos tías van por el tercer Fresita, mientras Pablo realiza unos esfuerzos vanos por integrarme a la mesa familiar arrojando datos al aire sobre mis características personales que casi nadie recoge. La abuela Elba me pregunta si me animo a cortar el pionono cuando la calma que precedía a la tormenta le deja, efectivamente, paso a la tempestad. 

- ¿Cómo me dijiste? - señaló Ernesto, acomodándose los anteojos. 

- Lo escuchaste bien – dijo Javier, la mirada concentrada en el suelo. 

- No te quiso decir eso – quiso poner paños fríos el abuelo Rubén, a todas luces el dueño de casa y seguramente conocedor del vendaval que estaba por desatarse. 

- Quiero que lo repitas, en voz alta, que lo escuchen todos. 

- Adelante de los chicos no, che – intentó una de las tías, la más veterana, la más entonada. 

- Kantiano, te dije, ¿y? Si sos kantiano. Si en última instancia toda tu teoría, por más maquillaje que le metas, cae en la lógica del ideal relativo kantiano, ¿o qué poronga es ese continuo y contingente cambio en la constitución de las identidades políticas a la luz de la formación de cadenas equivalenciales donde un significante particular encarna la universalidad? 

- ¿Abuelo, qué es poronga? - dijo al borde del llanto el Benjamín, tirando del pantalón del anciano, que procedió a llevarlo a otra habitación. 

- Ojo, en eso tiene razón Javier – echó más leña al fuego el primo Alejo. 

- ¿Tiene razón qué? - quiso intervenir Pablo. 

- En que es kantiano. Esa solución de la demanda que se articula y la mar en coche implica la lógica kantiana del acercamiento infinito a la imposible plenitud como una suerte de Idea reguladora. Y eso, acá y en la China, es kantiano – hizo el amague a sentarse pero siguió parado, señalando con el dedo – ¿y sabés qué es lo peor? Que es un cinismo, también. Es una invitación a decir “fracasemos, hagamos las cosas igual, pero sepamos que vamos a fracasar, porque el agente que busca el objetivo imposible quizás a la pasada resuelva unos tres, cuatro temas más locales". Una especie de gradualismo a la bartola, como si las intenciones políticas fueran una zanahoria a la que no se llega, eso es anti política y no el proyecto de la Modernidad. 

- ¿Sabés cuál es tu problema? - interrumpió Ernesto antes que a Pablo se le llenaran los ojos de lágrimas y corriera al baño suponiendo que nadie lo había notado 

- A ver, ¿cuál es mi problema? 

- Ojalá tuvieras uno solo, pero tu problema sabés cuál es. Que estás comprometido con una teoría donde el sistema es la verdadera realidad con el cual el acto emancipatorio pleno, revolucionario, debe romper. 

- ¿Y cuál es el problema de eso? - quiso apoyar Javier, buscando el encendedor, aunque las doce de la noche y el horario de los fuegos artificiales había pasado ya hacía rato. 

- El problema con eso es que no hay lucha emancipatoria válida si no es anticapitalista, directa y total. Y eso no sería un problema en sí mismo, pero es una obsesión que tiene Alejo, que todas las navidades, todos los años nuevos, cada uno de los asados horribles que hacés en tu casa, Javier, tenemos que escuchar el mismo piripipí – y me acomodé en la silla, recordando mis navidades en el pueblo, pensando en cómo iba a contar, cuando volviera, que había escuchado a Ernesto Laclau decir “piripipí” - y nunca, pero nunca eh y mirá que somos primos...

- ... primos segundos.

- ...primos segundos, desde que éramos así de chiquititos, y nunca, pero nunca lo escuché dar un puto ejemplo – levantó el dedo mientras justo entraba el pequeño Benjamín quien, ahora, indagó a un abatido abuelo sobre el sentido de la palabra puto. ¿Vos escuchaste alguno? - le preguntó a Javier, luego a Pablo, a las tías, me miró y me salteó con cortesía, evitando esa vacío legal sobre las preguntas retóricas en las que visualmente se exigen respuestas  - ¿alguien alguna vez escuchó algún ejemplo de lucha anticapitalista? No, nunca, y no lo van a escuchar porque lo que Alejo está esperando es una invasión de seres de otro planeta, una catástrofe que destruya el mundo y lo recomponga de nuevo, de otra forma, menos... capitalista. Y todo lo que no sea eso es gradualismo – arrojó la servilleta contra la mesa e intentó una salida teatral, Ernesto, mientras Pablo me apretaba la mano llamando mi atención, justo en el mejor momento. 

- ¿Y el otro? - dijo Alejo, sin resignarse. 

- ¿El otro qué? 

- Dijiste que ojalá tuviera un solo problema, algún otro problema más conmigo debés tener. 

- Tengo ese problema solo. Y que cagaste a las tías con la guita de los abuelos. 

Alejo se levantó de la mesa y me imaginé la escena, me imaginé a mi misma en mi pueblo, el asado en la quinta con mis amigas, mis parientes, contando la escena de pugilato en la casa de los Laclau. Sin embargo, Alejo optó por tomar a sus niños, su esposa que se había mantenido en silencio durante la trifulca y abandonó la cena. La abuela Elba se quejó apenas, repitió que todos los años sucedía lo mismo, que de teoría hegemónica no hay que hablar en la mesa y comenzó a cortar el pionono, esa tarea que me había delegado y no pude jamás cumplir. 

Un rato después, mientras Pablo se bañaba para salir, me encontré sentada en el cordón de la vereda junto al pequeño Benjamín, que se disponía a observar el show de fuegos artificiales del tío Javier. Con el cielo iluminado, Javier se sentó junto a mí. 

- No te hagas problema, piba. Problemas de guita, como en todas las familias.

4/11/12

Los mil y un 7D



Cuenta la leyenda – pero Alláh es más sabio, más prudente, más benéfico – que hubo en el tiempo una empresa entre las empresas, en la punta austral de la América del Sur. Era la dueña de los papeles sobre los que leían los hombres, de las tintas de los poetas, de los micrófonos de los cantores, de las voces, sí; pero era la dueña, también, de los carros por los que viajaban los poemas a los pueblos aledaños, de las coplas, las noticias del reino, su distribución y llegada a nosotros, la plebe. A veces cada seis, otras cada cuatro, cambiaban nuestros gobiernos; la empresa seguía, allí, inerme. Cada vez más grande, más fuerte y más total. 

Cada uno de los nuevos gobiernos tenía como primera tarea visitar la empresa, hincar la rodilla y poner a disposición ese puesto, que era menor. Se le ocurrió entonces a una mujer, que fue una vez poseedora de ese puesto secundario hasta entonces, una idea. Consistía en redimir al país de ese asolador atosigamiento. Así como no hay mejor escondite para un árbol que un frondoso bosque, así la idea de esta mujer era crear una norma que permitiera no menos de estas empresa sino, por el contrario, más. La empresa se mantuvo, sin embargo, incólume, a sabiendas del carácter efímero de estas intenciones. Personajes no menores habían intentado lo mismo, y habían fracasado similar. 

Resultó distinto, esta vez, hasta el punto de alterar los ánimos en la empresa. Todos sabían quién era la empresa, pero nadie la mencionaba. La empresa existía, pero no existía la empresa. No era parte del idioma, de las charlas de mercado, de las mesas de los bares y las posadas donde se alojaban los viajeros. La norma no la nombraba, directamente, pero sí sus efectos y la empresa reaccionó, desnudándose. Dictaminó infamias y las repartió por sus canales, que acaso ya no eran los mismos, puesto que lo que antes era del orden de lo natural ahora tenía un nombre, una identidad y una historia. Tuvo entonces la mujer otra idea: dispuso un día, que llegaría pronto, para que esa ley comenzara a existir verdaderamente y no tan sólo a modo de enunciado. Hasta la llegada de ese día aumentaron las infamias y la empresa, que antes no existía, que antes no se nombraba, ahora se volvía total y avasalladora. El día siete del último mes del año, que era la fecha límite, se acercaba y la empresa, como quien lucha por salir de un pantano, se hundía mientras más se esforzaba por no hacerlo. Sus empleados, que antes discurrían entre púlpitos impolutos desde donde predicaban sobre las morales y las buenas costumbres, ahora defendían la empresa como el mercader más pueril falsea la frescura de su pescado. Se repartían papeles exhortando a la población a levantrase por la empresa, la que otrora no sabía sino disimularse. Se explicaba que, de no existir esa empresa cuyo gran mérito durante años había sido no existir, las cosas serían de otra manera, y que esa manera sería peor. 

El día siete del último mes del año llegó, bajo un sol fulgurante, y las tropas defensoras, alineadas en las inmediaciones de la empresa, temblaban ante lo único que temen los hombres valientes y que es nada menos que la incertidumbre. Así como peores son los castigos cuyas penas se desconocen, como la eternidad en el Infierno, así los guardias del castillo de la empresa sentían la incomodidad acorde pasaban las horas. Pero se hizo el día y se hizo la noche y esa predicción de la empresa, que otrora sonaba amenaza, se hacía realidad. Es decir que suceder, en su acepción de acontecer un hecho extraordinario, no sucedía nada. 

Fue ocho y luego nueve, y llegaron las navidades cuando ese gobierno al que le restaban otros años estableció un nuevo plazo que alborotó nuevamente la empresa. Otra vez los empleados en su defensa, las requisitorias de justicia divina, las apelaciones a otros reinos y otras divinidades, esa sensación extraña de quienes por primera vez notaban que, detrás de sus consumos, existía algo, un alguien, que noche tras noche bregaba por conservarlos. Y llegó ese nuevo día y otra vez los guardias en sus puertas, la tensión que precedía a la tormenta, el silencio abrumador, la incertidumbre. Y pasó ese día y el siguiente, y la empresa se sintió entonces más poderosa suponiendo una victoria que en verdad no había tenido lugar. Porque al tercer día ese gobierno, al que ahora le quedaban menos años pero aún le quedaban, estableció un nuevo plazo, perjurando que ese día, sí, la nueva regla regiría los destinos de ese paraje perdido del Sur. Ese día llegó, sin embargo, y tampoco ocurrió demasiado. Pero ahí estuvieron: los gritos preventivos, los guardias, las infamias repartidas, el alborotamiento a la población por una amenaza cada vez más confusa. 

Los métodos de resistencia fueron cada vez más burdos y le ganaron espacio, demasiado espacio, a lo que otrora la empresa había sabido mejor hacer, que era no existir. Sus canciones comenzaron a hablar sobre sí, la poesía dejó espacio a la declaración, sus hojas plagadas de temores que le interesaban más al emisario que al receptor, la tinta derramada en construir unas trincheras a todas luces baladíes. 

A esa mujer, que no destruyó la empresa y acaso no haya motivos para que ello suceda, la leyenda la recuerda como Scheherazade y la suponen existiendo una sola vez en la antesala de Las mil y una noches. Pero Alláh es más sabio, más prudente, más benéfico.

1/10/12

La Mano Invisible



On June the 30th 2009 oil mysteriously jumped by more than $1.50 a barrel during the night, to reach its highest price in eight months, the kind of swing that is caused by a major geopolitical event. The amazing, true cause of this price spike has now been released by a Financial Services Authority investigation (FSA). Although not authorised to invest company cash in trades Steve Perkins, a long standing, senior broker at PVM Oil Futures, had managed to spend $520 million on oil futures contracts throughout the night.

Vía Oil Price.